Poesía para quienes limpian lo que otros no ven
Cuando el mundo duerme,
nosotros trabajamos.
nosotros trabajamos.
Nuestras manos reciben lo que nadie quiere tocar,
lo que pesa, lo que huele a miedo,
lo que guarda entre sus hilos
el sudor de la fiebre,
las lágrimas que cayeron de noche,
el temblor de quien no sabía
si iba a ver otro día.
lo que pesa, lo que huele a miedo,
lo que guarda entre sus hilos
el sudor de la fiebre,
las lágrimas que cayeron de noche,
el temblor de quien no sabía
si iba a ver otro día.
Sábanas, uniformes, batas,
la ropa de quienes curan
y la de quienes esperan ser curados.
la ropa de quienes curan
y la de quienes esperan ser curados.
Todo eso llega arrugado,
manchado,
callado.
manchado,
callado.
Y nosotros lo tomamos.
Sin preguntar de quién era.
Sin saber el nombre
de quien se aferró a esa sábana
como si fuera lo único que quedaba.
Sin saber el nombre
de quien se aferró a esa sábana
como si fuera lo único que quedaba.
Separamos, cargamos, levantamos.
Con las manos que nos duelen
pero no se detienen.
Con la espalda que pide tregua
pero no la encuentra.
Con las manos que nos duelen
pero no se detienen.
Con la espalda que pide tregua
pero no la encuentra.
Manos que lavan. Manos que doblan.
Manos que dan instrucciones.
Manos que curan máquinas cuando se detienen.
Manos que limpian lo que otros ensucian.
De mañana, de tarde, de noche.
Todos los turnos, todas las horas.
Todos unidos para sostener
lo que nadie ve pero todos necesitan.
Manos que dan instrucciones.
Manos que curan máquinas cuando se detienen.
Manos que limpian lo que otros ensucian.
De mañana, de tarde, de noche.
Todos los turnos, todas las horas.
Todos unidos para sostener
lo que nadie ve pero todos necesitan.
Y el agua corre.
Y el calor golpea.
Y la máquina ruge.
Y el calor golpea.
Y la máquina ruge.
Pero seguimos.
Porque sabemos algo
que nadie nos enseñó:
que cuando doblamos una sábana limpia,
estamos preparando un abrazo
para alguien que todavía no conocemos.
que nadie nos enseñó:
que cuando doblamos una sábana limpia,
estamos preparando un abrazo
para alguien que todavía no conocemos.
Que cuando apilamos la ropa blanca
y la dejamos lista para volver,
estamos diciendo sin palabras:
«Mañana va a ser mejor.»
y la dejamos lista para volver,
estamos diciendo sin palabras:
«Mañana va a ser mejor.»
No llevamos bata blanca.
No nos aplauden en la puerta.
No salimos en las noticias
ni nos dan las gracias.
No nos aplauden en la puerta.
No salimos en las noticias
ni nos dan las gracias.
Pero cada cama limpia
que recibe a alguien con miedo,
cada sábana fresca
que toca una piel que arde,
cada toalla que seca una cara
que acaba de llorar,
que recibe a alguien con miedo,
cada sábana fresca
que toca una piel que arde,
cada toalla que seca una cara
que acaba de llorar,
pasó antes por nuestras manos.
Manos incansables.
Manos invisibles.
Manos que sanan sin saberlo.
Manos invisibles.
Manos que sanan sin saberlo.
Y cuando suena la campana
y el turno se termina,
nos vamos callados a casa
con el cuerpo roto
y el alma entera.
y el turno se termina,
nos vamos callados a casa
con el cuerpo roto
y el alma entera.
Y si alguna noche
el de al lado no saluda,
si alguien contesta mal
o se esconde en el silencio,
recuerda:
el de al lado no saluda,
si alguien contesta mal
o se esconde en el silencio,
recuerda:
No sabes qué carga
trajo esa persona esta noche.
No sabes si lloró antes de entrar.
No sabes si alguien la espera
o si nadie lo espera.
trajo esa persona esta noche.
No sabes si lloró antes de entrar.
No sabes si alguien la espera
o si nadie lo espera.
No pelees con quien sufre igual que tú.
No compitas con quien también
se levanta cuando el mundo duerme.
No compitas con quien también
se levanta cuando el mundo duerme.
Porque debajo del uniforme,
detrás de la cara cansada,
hay un corazón que late
igual que el tuyo.
detrás de la cara cansada,
hay un corazón que late
igual que el tuyo.
Sé mano que ayuda,
no mano que empuja.
Sé presencia,
no pelea.
no mano que empuja.
Sé presencia,
no pelea.
Y si alguien te cubre cuando no puedes más,
si alguien te mira y entiende sin preguntar,
si alguien trabaja en silencio a tu lado
y con eso te consuela,
si alguien te mira y entiende sin preguntar,
si alguien trabaja en silencio a tu lado
y con eso te consuela,
dile gracias.
Aunque sea sin palabras.
Aunque sea solo con los ojos.
Aunque sea sin palabras.
Aunque sea solo con los ojos.
Gracias, compañero, por hacer lo que yo no puedo.
Gracias por consolarme en silencio.
Gracias por estar.
Gracias por consolarme en silencio.
Gracias por estar.
Qué labor más humilde.
Y a la vez, qué inmensa.
Y a la vez, qué inmensa.
Porque este lugar donde trabajamos
es la frontera entre el miedo y el consuelo.
Aquí llega lo que asusta,
lo que duele,
lo que nadie quiere ver.
Y de aquí sale limpio,
doblado,
listo para consolar de nuevo.
es la frontera entre el miedo y el consuelo.
Aquí llega lo que asusta,
lo que duele,
lo que nadie quiere ver.
Y de aquí sale limpio,
doblado,
listo para consolar de nuevo.
Qué bendición tener ese poder
y no saberlo.
Qué ciegos somos
al no ver lo que nuestras manos hacen.
Y qué afortunados
por estar justo aquí,
en esta frontera,
transformando el miedo en alivio
sin que nadie nos lo pida.
y no saberlo.
Qué ciegos somos
al no ver lo que nuestras manos hacen.
Y qué afortunados
por estar justo aquí,
en esta frontera,
transformando el miedo en alivio
sin que nadie nos lo pida.
No hace falta que el mundo sepa.
Nosotros sabemos.
Y eso basta.
Para las manos que amanecen limpiando lo que otros no ven.
Para los que transforman el dolor en limpio.
Para quienes abrazan sin tocar.
Para los que transforman el dolor en limpio.
Para quienes abrazan sin tocar.
Nosotros también sanamos.
— H.C., 2026 —
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